jueves, 28 de mayo de 2009

Rayos Gamma


Hay unas explosiones inmensas en el espacio que los científicos denominan explosiones de Rayos Gamma.
Dicen que son las mayores emisiones energéticas que se dan en el universo.
Hay también diversas teorías al respecto: unos dicen que son estrellas de neutrones que la deriva espacial hace colisionar; otros dicen que son hipernovas, estrellas masivas que estallan en un delirio de energía.
Otros hablan de agujeros negros, que hundidos en la oscuridad, chocan entre sí.
Nadie sabe, en realidad, que puede ser esa gigantesca energía que de cuando en cuando inunda el espacio.
Es la misma energía que nuestro Sol irradia en decenas de años, pero concentrada en segundos, o milisegundos.

Dicen también que si se produjeran lo suficientemente cerca, podrían acabar con gran parte de la vida en la Tierra.
Así explican algunos ciertas extinciones masivas que se produjeron en tiempos remotísimos, cuando la Tierra era joven y podía procrear nuevos hijos aun cuando perdiera esos.
No pensamos en ese inenarrable engranaje que nos encaja como una pieza más del Universo; ni pensamos que nuestra vida esté a expensas de que en algún remoto sitio, a no más de diez mil años luz, dos estrellas de neutrones decidan abrazarse y ese abrazo interestelar produzca casi una energía incontable, que llegaría hasta nosotros.
Rayos Gamma fruto del amor interestelar entre estrellas.
Todo se anuda en el Universo, todo se ata, todo se va abrazando.
Los científicos lo llaman fuerza de gravedad, que atrae a los diferentes cuerpos.
Pero tu y yo sabemos que el amor inunda incluso a las estrellas brillantes, a las galaxias gigantescas, a los agujeros negros insondables.
Todos ellos van atrayéndose o alejándose, en un baile espacial infinito y eterno.
Nuestra Vía Láctea corre en busca de Andrómeda, la una hacia la otra.
Dentro de eones de tiempo, ambas se abrazarán inmensamente, hasta convertirse en una.
Incluso los cuerpos celestes van buscando ese nudo, esa fusión, que los humanos llamamos con otro nombre.

martes, 26 de mayo de 2009

Magia

Mi querida Leonor: el otro día me dijiste que querías vivir en un cuento. Me sonreí porque yo ya había usado esa frase hace mucho tiempo, en otra época.
Ojalá pudiera ofrecerte eso. Ojalá todos pudiéramos elegir la mejor de las historias para vivirla. Pero no puedo.
De hecho, a veces me invade como una losa la responsabilidad de haberte traído a este mundo desquiciante y violento e injusto.
Aún respiras magia por todos lados. Casi con seis años, no has perdido un ápice de tu inocencia. Hace un par de días, te sorprendí intentando hacer desaparecer algo, diciendo tus palabras mágicas:
"Mamá, no ha desaparecido. Ohh...no soy mágica. Yo pensaba que era mágica".
"Claro que lo eres, Leonor. Seguro que esas no son las palabras que tienes que decir. Hay que decir otras. Hay que estudiar para aprenderlas".
Te quedaste más convencida.
Pero cuando te leo algún cuento, sigues pensando muchas veces que ojalá pudieras estar allí, y ser la princesa Fiona, o la princesa del caballero, o la mariposa rosa, o cualquier otro ser maravilloso.
Tal vez por eso te gusta tanto disfrazarte, vestirte y jugar a que eres esto o lo otro. E insistes en decirme: mamá, tu que quieres ser. Y sin querer, me vas involucrando en tus historias, en tus cuentos, y yo me voy enredando en ese mundo que has construido y en el que me permites entrar.

Con uno de tus disfraces favoritos