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viernes, 28 de mayo de 2010

Como el náufrago metódico que contase las olas

Otro poema maravilloso y devastador con el que he topado en estos últimos días, cuando alguien de la empresa de autobuses urbanos decide deleitar a los usuarios del transporte con pequeñas gotas de belleza en un lugar tan árido como un autobús.
Ya me he tropezado fvarias veces con el mismo poema, y en todas ellas he realizado el viaje a mi destino ensimismada y meditando cada una de las frases que he leído.
Son demoledoras. Sería terrible encontrarse con esas frases al final de la existencia, sería terrible siquiera rozarlas.
Aún así, no dejo de pensar que algún día, algún instante, también hice todo perfecto, sin equivocarme, salvo en aquello que amé.

 "Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería."

viernes, 5 de marzo de 2010

Ver un mundo


Ayer, leyendo una revista, encontré un artículo en el que se citaba al poeta William Blake. Recuerdo haber visto una pintura de él cuando estaba estudiando arte en COU, hace ya una eternidad, o dos. Era el cuadro de "Elohim creando a Adán".
Siempre me llamó la atención, aún lo recuerdo hoy día. Sin embargo, no es su pintura lo que hoy me lleva a escribirte esto, sino un poema, que encontré citado en esa revista. Te cito las dos primeras estrofas, que para mí son las más singulares.

To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

He who binds himself to a joy
Does the winged life destroy;
He who kisses joy as it flies
Lives in eternity's sun rise.

Especialmente mágicas me resultan los primeros versos:
"Ver un mundo en un grano de arena,
y el cielo en una flor silvestre,
Contener el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora."

Todo es hermoso y único, todo comparte la misma esencia. El grano de arena, contiene, efectivamente, un universo.

martes, 23 de junio de 2009

PROCLAMO (de Reina)

Parvati, la diosa
Este poema lo encontré en un blog. Se citaba a una tal Reina como autora. Leyéndolo con más atención intuí que esa Reina podría ser alguien a quien yo conocía con el mismo nombre, y muy querida por mí. Le escribí y me lo confirmó.
Muchas gracias Reina por permitirme reproducirlo aquí.
La primera vez que lo leí me impactó su fuerza, su belleza.
Sé que el poema está tejido con los hilos de tu existencia, pero también siento que has puesto voz al espíritu de muchas de nosotras.
Te abrazo desde aquí, Reina (en mi corazón serás siempre, Parvati)


PROCLAMO.

Proclamo que estoy viva
Que mi cuerpo vibra
Y mis células claman.

Proclamo que he hecho historia
A lo largo de mi vida,
Que he visto asomar
Los ojos de la Madre Divina
A través de los míos,
Las Manos de la Madre Divina
A través de las mías,
Los pies de la Madre Divina
En mi Caminar.

Proclamo que he vivido.
Que he sido niña, mujer, hija,
Esposa y amante, madre, viajera,
mujer chamán Y Maestra, Creadora, sacerdotisa, Sanadora,
Escuchadora, Susurradora, Acechadora,
Guerrera de la Luz y Mujer de las Tinieblas,
Espíritu del Bosque y Diosa del Agua, Mujer Salvaje.

Soy La que Sabe y Soy la Caminadora
En el Sendero de la Luz.
He ido por espacios desconocidos,
Me he adentrado por grutas, enfrentado demonios y espíritus Indomables,
me he rendido y he disfrutado del Éxtasis del
Ananda Divino, he sido Hiuhai, Parvati, Atma, Aya, Izana, Virtudes, Reina María, Ana María, la Khali, la Kwan Yin y la Pachamama.

Me Reconozco en el Alba, en el Espíritu del Agua, en el de la Tierra y el Manantial,
Me reconozco en el caos, en el espíritu del tigre y del jaguar.
En la sabana africana y en la mirada de los niños y niñas,
Me reconozco en el manantial.
Sacio la sed.
Descanso en la Luz y en la Eternidad.
Descanso allá donde se respira el Espíritu de lo Eterno.
Es Mi casa, es mi Hogar.

Reconozco que he vivido
Que he conocido la dicha y el dolor
La alegría y la confusión
La certeza y la perdición
La luz y la oscuridad.

Reconozco que he vivido,
Que he buscado
Que he encontrado
Que continúo en mi caminar.

Bendigo mi cuerpo
Y lo hago con amor
Bendigo cada una de las heridas
Que la batalla de la vida le ha infringido
Bendigo cada arruga y cada surco
Que reflejan mi presente y mi pasado
Bendigo cada gota y cada fibra de mi ser
Lo bendigo en mi.

Bendigo Mis ojos que reflejan los luceros del alba, mi boca, una gruta de luz, mi cuerpo,
Que danza con las estrellas, bendigo el Alma, que habita en mi.
Bendigo Mis nalgas, mis piernas, la pesadez,
Los mareos, el insomnio, los brazos que duelen y la rigidez
Lo arcaico, lo que no me permite crecer, lo que hago y lo que deshago,
Lo que me ancla al pasado, lo que amo y lo que no.
Todo, lo que yo soy, todo lo que mi cuerpo es,
Todo lo bendigo en mi
Todo es un canto de vida
Y es un canto de luz porque estoy viva
Y la vida se expresa en mi

sábado, 3 de mayo de 2008

Biografía de un hombre con miedo

Hoy he ido en autobús. De vez en cuando, y debido a algún arrebato inspirador de alguien de la empresa de transportes, estos autobuses urbanos ofrecen una visión hermosa si dirigimos la mirada hacia el punto adecuado. En uno de los cristales, a la altura de mis ojos, había un poema, un cartel conmemorando no se qué festival poético: habían colocado un poema de alguno de los invitados. Lo leí. He buscado en internet a la autora -totalmente desconocida para mí- y el poema -aún más desconocido-.
Quizá ha venido como anillo al dedo, al recordar a gente, personas, de la "otra" generación, la de mis padres o la de mis tíos, algunos de ellos ya han empezado a dejarme, a dejarnos.
Una generación que, desde mi punto de vista, ha tenido más valía que la mía, aunque el reconocimiento llega tarde.
Leí el poema con un deje de nostalgia y de tristeza, especialmente porque ese poema, sin saberlo, lo he visto hacerse en la vida de muchos de los que me han precedido.
Cada generación deja una huella irrevocable en la historia de este mundo. Me pregunto cuál será la huella que deje la mía.

Biografía de un hombre con miedo

Mi padre tuvo pronto miedo de haber nacido.
Pero pronto también
le recordaron los deberes de un hombre
y le enseñaron
a rezar, a ahorrar, a trabajar.
Así que pronto fue mi padre un hombre bueno.
(“Un hombre de verdad”, diría mi abuelo).
No obstante,
—como el perro que gime, embozalado
y amarrado a su estaca— el miedo persistía
en el lugar más hondo de mi padre.
De mi padre,
que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo
unas manos tan graves y tan limpias
como el silencio de las madrugadas.
Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.
De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre
todo lo que su corazón desorientado
sabía dar. Y entre ello se contaba
el regalo amoroso de su miedo.
Como un hombre de bien mi padre trabajó cada mañana,
sorteó cada noche y cuando pudo
se compró a cuotas la pequeña muerte
que siempre deseó.
La fue pagando rigurosamente,
sin sobresalto alguno, año tras año,
como un hombre de bien, el bueno de mi padre.

La autora es Piedad Bonnett, colombiana.

viernes, 15 de febrero de 2008

Itaca

Hace ya bastante tiempo que no te escribo, aunque he estado tentada a anotar cualquier cosa muchas veces. Sin embargo, necesito que se de ese momento íntimo en el que puedo ahondar dentro de mí, y darle forma a lo que quiero decirte o contarte.
Quizá hoy, concretamente, sea otra persona la que hable por mí para ti. Paso a darte el poema de Kavafis, que, -otra vez Carmen- leí hace años.
No se me ocurren mejores frases, que las que este escritor dejó, sobre el tiempo, la vida, y el camino que se hace al recorrerla.
El otro día intenté imaginarte mayor, casi viejecita. Me río porque ni aún yo puedo imaginar eso de mí misma todavía. Pero dentro de 70 u 80 años, cuando este mundo esté irreconocible y sea aún más viejo, cuando de mí sólo perdure probablemente el recuerdo que tu me tengas, me gustaría imaginarte leyendo este poema que ahora pongo en tus manos:


"Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas."