jueves, 16 de septiembre de 2010

Una nota rápida

Esta semana se inauguró oficialmente el curso para secundaria. Tú lo empezaste unos días antes.
Para mí siempre el inicio de curso es también el comienzo del otoño, que también es el comienzo del año para todos aquellos que nos movemos en el mundo de la docencia.
El año empieza en septiembre y acaba en junio. Julio y agosto son dos meses de parálisis estival,donde el calor aplastante evita cualquier movimiento, cualquier cambio. Insoportables, en definitiva. Y, aunque me quejo de la vuelta al trabajo, he de decir que es más soportable eso que esos días lentos e interminables del verano.
Nuevo año, nuevos cursos, nuevos compañeros...
Tu también tenías ganas de comenzar. Has iniciado el curso con mucho ímpetu, queriendo trabajar, sacar buenas notas....espero que mantengas este espíritu todo el año.
También has comenzado las clases de violoncello. Esta última aventura musical no sé por dónde va a salir, espero también que mantengas el deseo de aprender. Me hace mucha ilusión que estudies este instrumento.
Espero que todo nos vaya bien este año.
Salud, Leonor.

sábado, 14 de agosto de 2010

Peregrinos


En estos días de verano, mientras mucha gente parte a la playa o al campo, o sale de viaje hacia lugares de lo más exótico, algunos privilegiados desde mi punto de vista, mochila al hombro, salen caminando hacia Santiago de Compostela.
Hay muchos lugares mágicos en el mundo, cada cual ha de encontrar el suyo. Para mí, desde siempre, ha sido esa ciudad.
La primera vez que la visité fue hace más de treinta años. Andaba por los trece, y toda la familia fue para allá, en coche. Atravesando Jaén, Ciudad Real, Madrid, Castilla la Vieja...
Antes de llegar a destino yo miraba los nombres de los pueblos que iba encontrando, y me maravillaba leer esos nombres, muchos de los cuales recordaba haberlos vistos en algún romance que estudiamos durante ese mismo curso en la escuela.
Cuando parábamos en algunos de esos pueblos, o en ciudades como Zamora o León, veía inscripciones que recordaban alguna legendaria batalla, algún suceso memorable, o indicaban simplemente que en ese lugar vio la luz algún rey o noble cuya memoria debíamos honrar.
Luego, seguimos el camino hasta llegar a esa bendita ciudad, y entonces, ocurrió. La ciudad me envolvió, y su hechizo ha llegado hasta ahora.
Volví en muchas ocasiones a Santiago: un par de veces, por cuestión de oposiciones. Otra vez, acompañando a una amiga. En plan turismo, otras cuantas veces más.
Sin embargo, recuerdo también algunas ocasiones en las que fui sola: sin ver a nadie, sin estar con nadie. Simplemente porque necesitaba estar allí. Necesitaba liberarme allí.
Una situación inexplicable, porque....¿qué me impulsaba a atrevesar un país entero y refugiarme en esa ciudad?
Cuando pienso en ello, veo que todas las veces que he llegado a Santiago ha sido como turista, como viajera, como una escapada, o como una huida. Pero nunca he llegado a Santiago de la forma en la que esta me abrió siempre sus brazos, esto es, como peregrina.
Los último veinte años, he considerado esta posibilidad, pero la he ido aparcando, por mil motivos: tiempo, ganas, oportunidad.
Ahora, algo me impulsa a hacer ese camino que millones de personas han hecho durante mil años. Esa magia, ese espíritu de búsqueda, es lo que impregna esta ciudad, y quizá es lo que vi en ese primer momento, a mis trece años.
Este año, he querido ir, y nuevamente no he podido. Mi salud, cada vez más pésima, no me lo ha permitido.
Con mi sobrino imaginamos juntos durante el invierno la ruta que íbamos a hacer, un trayecto corto y pequeño, aunque para mí sería arduo.
Cada peregrino tiene su propio camino; cada camino es diferente. Es probable que el mío sea más corto, otros lo tendrán más largo, pero me da igual.
Algo se agita dentro de mí que solo puedo darle salida a través de ese recorrido espiritual, respirando el polvo de un camino milenario, de un camino que recorrieron reyes y príncipes,nobles y gentes de todas clases.
Cuando un peregrino recorría (recorre) el Camino, iba cargado de esperanza. Esa misma esperanza jalona cada kilómetro, cada centímetro de ruta.
Esperanza en rozar ese sentido oculto, esa verdad escondida, que al fin se nos revela.
Intento imaginar esa emoción indescriptible, cuando, después de días andar, el peregrino atisba la ciudad; cuando, después de todo ese camino,entre en la catedral, y roce las mismas piedras milenarias, acariciadas durante siglos por otros peregrinos que pusieron al pie de esta tumba su alma esperanzada.
El camino es un despertar del alma. Sea como sea, mi ruta está trazada.

viernes, 28 de mayo de 2010

Como el náufrago metódico que contase las olas

Otro poema maravilloso y devastador con el que he topado en estos últimos días, cuando alguien de la empresa de autobuses urbanos decide deleitar a los usuarios del transporte con pequeñas gotas de belleza en un lugar tan árido como un autobús.
Ya me he tropezado fvarias veces con el mismo poema, y en todas ellas he realizado el viaje a mi destino ensimismada y meditando cada una de las frases que he leído.
Son demoledoras. Sería terrible encontrarse con esas frases al final de la existencia, sería terrible siquiera rozarlas.
Aún así, no dejo de pensar que algún día, algún instante, también hice todo perfecto, sin equivocarme, salvo en aquello que amé. "Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería."

viernes, 5 de marzo de 2010

Ver un mundo


Ayer, leyendo una revista, encontré un artículo en el que se citaba al poeta William Blake. Recuerdo haber visto una pintura de él cuando estaba estudiando arte en COU, hace ya una eternidad, o dos. Era el cuadro de "Elohim creando a Adán".
Siempre me llamó la atención, aún lo recuerdo hoy día. Sin embargo, no es su pintura lo que hoy me lleva a escribirte esto, sino un poema, que encontré citado en esa revista. Te cito las dos primeras estrofas, que para mí son las más singulares.

To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

He who binds himself to a joy
Does the winged life destroy;
He who kisses joy as it flies
Lives in eternity's sun rise.

Especialmente mágicas me resultan los primeros versos:
"Ver un mundo en un grano de arena,
y el cielo en una flor silvestre,
Contener el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora."

Todo es hermoso y único, todo comparte la misma esencia. El grano de arena, contiene, efectivamente, un universo.