sábado, 27 de junio de 2009

Madrid

Han pasado los años viajeros, y no sé si en algún momento de mi vida volverán de nuevo.
Durante un tiempo, escapaba literalmene en cuanto había una sucesión de días para conocer algún sitio nuevo, especial...una especie de huída extraña.
Aún así, tuve la suerte de encontrar ciudades fascinantes en momentos únicos.
A veces se produce algo maravilloso, y es cuando un visitante, un viajero, puede llegar a tocar el alma de una ciudad.Ambos están en ese momento en estado de Gracia.
Tuve esta sensación etre 1984 y 1986 con Madrid (Madriz, como se anunciaba en los carteles).
Descubrí la magia que se escondía en esa ciudad, pese al trajín, el tráfico, la inevitable suciedad de las grandes ciudades...
Lo primero que me fascinaba era la entrada a Madrid. Casi cien kilómetros antes, el paisaje que el tren dejaba ver era como una carta de presentación. Altos edificios, descampados, paisajes proletarios, plantaciones de chatarra, chabolas...pero me fascinaba esa visión.
En aquél momento empezaba también a recoger la maleta, asearme un poco, fumar los primeros cigarrillos de la mañana después de una noche insomne la mayor parte de las veces.
Luego,inesperadamente, y después de casi una hora contemplando este paisaje, la vía de tren iba mostrando una herida en la ciudad, una hendidura que me permitiría llegar hasta la estación, Atocha.Antes era una estación antigua, pero igualmente maravillosa.
Solía haber alguien allí, esperándome.
A veces no, pero podía manejarme bien, sabía a dónde tenía que llegar.
¿Qué recuerdos tengo yo de esta ciudad que tanto me marcó?
Ir de Usera a Plaza de Castilla, donde tenía mis citas, haciendo transbordo en un metro interminable; ir también a La Latina, a una pequeña buhardilla que se escondía cerca del teatro; paseos por el Retiro, cerca del lago, y también en una barca.
Ir a bares y discotecas, y pubs llenos de gente extraña y que a mí me parecían fascinantes.
La música de Gabinete Caligari y Luz Casal, de Radio Futura y Joaquín Sabina. Esa era la música que decoraba la ciudad que yo veía.
Paseos por el museo del Prado, por el Casón, parada siempre obligada.
Sentarme en la Plaza del Dos de Mayo, en un banco, y cerrar los ojos mientras fumaba.
Una tarde en el Parque del Oeste, inolvidable.
Colores del amanecer y del atardecer, que bañaban las avenidas de la ciudad.
Una ciudad vista con los ojos de los veinte años.
Ahora, cuando la recuerdo, también tengo veinte años. Y no sé lo que va a pasar después.

martes, 23 de junio de 2009

PROCLAMO (de Reina)

Parvati, la diosa
Este poema lo encontré en un blog. Se citaba a una tal Reina como autora. Leyéndolo con más atención intuí que esa Reina podría ser alguien a quien yo conocía con el mismo nombre, y muy querida por mí. Le escribí y me lo confirmó.
Muchas gracias Reina por permitirme reproducirlo aquí.
La primera vez que lo leí me impactó su fuerza, su belleza.
Sé que el poema está tejido con los hilos de tu existencia, pero también siento que has puesto voz al espíritu de muchas de nosotras.
Te abrazo desde aquí, Reina (en mi corazón serás siempre, Parvati)


PROCLAMO.

Proclamo que estoy viva
Que mi cuerpo vibra
Y mis células claman.

Proclamo que he hecho historia
A lo largo de mi vida,
Que he visto asomar
Los ojos de la Madre Divina
A través de los míos,
Las Manos de la Madre Divina
A través de las mías,
Los pies de la Madre Divina
En mi Caminar.

Proclamo que he vivido.
Que he sido niña, mujer, hija,
Esposa y amante, madre, viajera,
mujer chamán Y Maestra, Creadora, sacerdotisa, Sanadora,
Escuchadora, Susurradora, Acechadora,
Guerrera de la Luz y Mujer de las Tinieblas,
Espíritu del Bosque y Diosa del Agua, Mujer Salvaje.

Soy La que Sabe y Soy la Caminadora
En el Sendero de la Luz.
He ido por espacios desconocidos,
Me he adentrado por grutas, enfrentado demonios y espíritus Indomables,
me he rendido y he disfrutado del Éxtasis del
Ananda Divino, he sido Hiuhai, Parvati, Atma, Aya, Izana, Virtudes, Reina María, Ana María, la Khali, la Kwan Yin y la Pachamama.

Me Reconozco en el Alba, en el Espíritu del Agua, en el de la Tierra y el Manantial,
Me reconozco en el caos, en el espíritu del tigre y del jaguar.
En la sabana africana y en la mirada de los niños y niñas,
Me reconozco en el manantial.
Sacio la sed.
Descanso en la Luz y en la Eternidad.
Descanso allá donde se respira el Espíritu de lo Eterno.
Es Mi casa, es mi Hogar.

Reconozco que he vivido
Que he conocido la dicha y el dolor
La alegría y la confusión
La certeza y la perdición
La luz y la oscuridad.

Reconozco que he vivido,
Que he buscado
Que he encontrado
Que continúo en mi caminar.

Bendigo mi cuerpo
Y lo hago con amor
Bendigo cada una de las heridas
Que la batalla de la vida le ha infringido
Bendigo cada arruga y cada surco
Que reflejan mi presente y mi pasado
Bendigo cada gota y cada fibra de mi ser
Lo bendigo en mi.

Bendigo Mis ojos que reflejan los luceros del alba, mi boca, una gruta de luz, mi cuerpo,
Que danza con las estrellas, bendigo el Alma, que habita en mi.
Bendigo Mis nalgas, mis piernas, la pesadez,
Los mareos, el insomnio, los brazos que duelen y la rigidez
Lo arcaico, lo que no me permite crecer, lo que hago y lo que deshago,
Lo que me ancla al pasado, lo que amo y lo que no.
Todo, lo que yo soy, todo lo que mi cuerpo es,
Todo lo bendigo en mi
Todo es un canto de vida
Y es un canto de luz porque estoy viva
Y la vida se expresa en mi

jueves, 28 de mayo de 2009

Rayos Gamma

>Hay unas explosiones inmensas en el espacio que los científicos denominan explosiones de Rayos Gamma.
Dicen que son las mayores emisiones energéticas que se dan en el universo.
Hay también diversas teorías al respecto: unos dicen que son estrellas de neutrones que la deriva espacial hace colisionar; otros dicen que son hipernovas, estrellas masivas que estallan en un delirio de energía.
Otros hablan de agujeros negros, que hundidos en la oscuridad, chocan entre sí.
Nadie sabe, en realidad, que puede ser esa gigantesca energía que de cuando en cuando inunda el espacio.
Es la misma energía que nuestro Sol irradia en decenas de años, pero concentrada en segundos, o milisegundos.

Dicen también que si se produjeran lo suficientemente cerca, podrían acabar con gran parte de la vida en la Tierra.
Así explican algunos ciertas extinciones masivas que se produjeron en tiempos remotísimos, cuando la Tierra era joven y podía procrear nuevos hijos aun cuando perdiera esos.
No pensamos en ese inenarrable engranaje que nos encaja como una pieza más del Universo; ni pensamos que nuestra vida esté a expensas de que en algún remoto sitio, a no más de diez mil años luz, dos estrellas de neutrones decidan abrazarse y ese abrazo interestelar produzca casi una energía incontable, que llegaría hasta nosotros.
Rayos Gamma fruto del amor interestelar entre estrellas.
Todo se anuda en el Universo, todo se ata, todo se va abrazando.
Los científicos lo llaman fuerza de gravedad, que atrae a los diferentes cuerpos.
Pero tu y yo sabemos que el amor inunda incluso a las estrellas brillantes, a las galaxias gigantescas, a los agujeros negros insondables.
Todos ellos van atrayéndose o alejándose, en un baile espacial infinito y eterno.
Nuestra Vía Láctea corre en busca de Andrómeda, la una hacia la otra.
Dentro de eones de tiempo, ambas se abrazarán inmensamente, hasta convertirse en una.

martes, 26 de mayo de 2009

Magia

Mi querida Leonor: el otro día me dijiste que querías vivir en un cuento. Me sonreí porque yo ya había usado esa frase hace mucho tiempo, en otra época.
Ojalá pudiera ofrecerte eso. Ojalá todos pudiéramos elegir la mejor de las historias para vivirla. Pero no puedo.
De hecho, a veces me invade como una losa la responsabilidad de haberte traído a este mundo desquiciante y violento e injusto.
Aún respiras magia por todos lados. Casi con seis años, no has perdido un ápice de tu inocencia. Hace un par de días, te sorprendí intentando hacer desaparecer algo, diciendo tus palabras mágicas:
"Mamá, no ha desaparecido. Ohh...no soy mágica. Yo pensaba que era mágica".
"Claro que lo eres, Leonor. Seguro que esas no son las palabras que tienes que decir. Hay que decir otras. Hay que estudiar para aprenderlas".
Te quedaste más convencida.
Pero cuando te leo algún cuento, sigues pensando muchas veces que ojalá pudieras estar allí, y ser la princesa Fiona, o la princesa del caballero, o la mariposa rosa, o cualquier otro ser maravilloso.
Tal vez por eso te gusta tanto disfrazarte, vestirte y jugar a que eres esto o lo otro. E insistes en decirme: mamá, tu que quieres ser. Y sin querer, me vas involucrando en tus historias, en tus cuentos, y yo me voy enredando en ese mundo que has construido y en el que me permites entrar.

Con uno de tus disfraces favoritos

miércoles, 15 de abril de 2009

Desencuentros Afortunados

A veces, Leonor, los encuentros son desencuentros: extrañas ubicaciones donde confluyen energías sin nombre que nos llevan a mundos subterráneos, impensados o inexplicables.
Casi siempre había pensado que encontrarse era garantía de algo afortunado,era recobrar lo perdido, encontrar lo añorado; el desencuentro, en cambio, era una confluencia negativa, donde lo que se rehúye se vuelve a tocar.
Ahora no estoy tan segura.
La última semana ha tenido algo de todo esto. Ha habido encuentros extraños, tan particulares y etéreos, tan impredecibles, tan inabordables….
Lo que nunca pensé que pudiera volver a suceder, ha sucedido. Lo que esperaba que sucediera, en cambio, no se ha dado.Por eso son desencuentros, inexplicables fuerzas que hacen que se sucedan cosas inexplicables en el camino de cada cuál.
Tres personas han atravesado estos días mi vida y han trazado en ella un dibujo, o una línea, o han borrado algo: dos de ellas con su ausencia y una con su presencia.
Intuyo la fragilidad de todo ello, pero no importa. Sigue siendo mi propia vida algo sorprendente.
Oigo la música de Georges Winston mientras escribo. La melancólica pieza “Secret Garden”, me trae recuerdos inolvidables, de un pasado que a veces extraño.
También me evoca estos últimos días de este presente sobre el que voy caminando de puntillas y haciendo mil malabarismos.
Es lo que tiene la música, que puede mostrar el pasado y el presente sin necesidad de anudarlos.

jueves, 9 de abril de 2009

El reencuentro del amigo

Ayer, después de veinte años, tuve noticias de un amigo muy querido de la época de la universidad.
Haciendo una labor de detectives, usando internet claro, logré dar con una página donde aparecía una persona cuyos datos correspondían con él. Le envié un correo, y....magia! dos días después tenía noticias suyas.
Hace más de veinte años, nos reuníamos en la hora de las cervezas y los cafés, para estudiar o para salir...
Hablábamos de muchas cosas y me sorprendía cuando me decía que lo que más le gustaba eran leer novelas del oeste. A mí me parecía que bajo la capa de chico duro se ocultaba todo un romántico.Desde entonces, ha sido inevitable que evoque su imagen cuando veía alguna película del oeste.
Me dio una fotografía tipo carnet. En aquella época los amigos nos dábamos ese tipo de fotografías, siempre había alguna que nos sobraba después de hacernos diez o doce, para principio de curso y entregarlas a los profesores.Él me ha dicho que tiene la mitad de pelo que tenía entonces y 25 kilos de más. Yo le he dicho que tengo más pelo, pero también más kilos.
Se enredan los recuerdos de tanto vivido. A veces, Leonor, tengo que hacer un alto y poner un poco de orden en los años porque ya se me atropellan locamente.
Aquello fue la magia del 84 al 86. Me ha recordado que fui yo quién lo despidió en la estación de autobuses cuando se fue de Granada y empezó, lejos, otra etapa de su vida.
He estado años preguntándome qué fue de él. Y ahora, gracias a la unión de mil casualidades, nos reencontramos nuevamente.
Estoy casado y tengo una hija, me dice.
También yo tengo una hija, aunque más pequeña, le contesto.
Me inunda la nostalgia cuando nos cruzamos esas palabras. Son más de veinte años...las vidas de todos han ido por mil sitios distintos.
Le he hablado de la reunión de nuestra promoción, de los catorce magníficos.
No sé si vendrá, en manos de la Providencia dejo ese reencuentro.
Lo que si sé es que te escribiré alguna que otra vez, y que a través de esta magia virtual, nos tenderemos de nuevo las manos.
Un beso para ti, mi amigo.

sábado, 14 de febrero de 2009

sábado, 7 de febrero de 2009

Ha llegado el Ratón Pérez

Adiós a tu primer diente de leche. Hoy ha caído después de que la dentista te diera un leve apretón con su tenaza. Antes de entrar en la consulta, informaste a todo el mundo de que iban a sacarte un diente. Luego, has estado todo el día diciéndoselo a todo el mundo.
Estás encantada con eso de saberte con un diente menos, de ver un hueco en tu encía, y saberte, al fin y al cabo, más mayor.
Esta noche, ya está todo preparado para que venga el Ratón Pérez y el Hada de los Dientes. Estás como loca con la idea, porque para ti es algo nuevo y maravilloso.
Y seguro que cuando estemos las dos durmiendo, ambos se dejarán caer, silenciosos, dejando alguna sorpresa bajo la almohada a cambio de tu pequeño diente.
Va asomando ya el otro, que miras de vez en cuando en el espejo, ilusionada.
Qué se le va a hacer, Leonor. Te vas haciendo grande.

viernes, 9 de enero de 2009

Nieve

Principios de enero. La ola de frío que nos invade parece que tocará a su fin. Y, un año más, la nieve no ha querido mostrarse en Granada. Sólo unos pequeños y breves copos hacia el mediodía del jueves, pero nada más. Unos copos livianos y diminutos.
Ayer esperé contemplar ese ambiente previo a la nevada, pero no llegó.

Hay un invierno perdido en mi memoria, no recuerdo de qué año ni exactamente en qué lugar, creo que siendo yo pequeña: el color blanco del cielo justo antes de romper a nevar, que es cuando más frío está el ambiente; los copos de nieve cayendo lentamente, muy despacio.
Y entonces me doy cuenta que el aire que me envuelve se ha vuelto blanco, que toda la naturaleza que me rodea está en silencio: no hay ruido de animales, no hay ruido de gente, no se mueve ningún árbol, no hay viento que susurre nada, sólo una enorme quietud envuelta en mil tonalidades de blanco.

Cada vez que veo la nieve -y son pocas veces- espero recobrar ese ambiente que una vez pude contemplar, y que llenó mi alma de una gran serenidad.
He encontrado una fotografía de la última vez que nevó en Grandada. Fue el año en que naciste, y hace justo ahora, seis años.
Recuerdo que hacía pocas semanas que me había enterado de que estaba embarazada. Ese día me desperté, y vi que Granada estaba totalmente cubierta por un manto blanco.
No fui al trabajo, las clases se habían suspendido porque el transporte escolar no había podido hacer las rutas. Me quedé en casa con Ceci. Y miré con ella en brazos la nieve desde mi ventana.



miércoles, 31 de diciembre de 2008

Fin de Año

Ponemos punto final a 2008. un año que ha tenido de todo, aunque la segunda mitad ha sido agotadora (lo sigue siendo) y llena de miedos.
Pocas veces puedo sentarme ante el ordenador y escribirte, espero y deseo que 2009 traiga más paz y más salud a esta casa.
Espero también que el mundo esté algo mejor, solo algo.
Un beso. Feliz Año.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Et in Arcadia Ego

A principios de los 80 apareció en la televisión una de las series que más me han impactado.
Retorno a Brideshead, basada en la obra del mismo nombre de Evelyn Waugh, la vi la primera vez con unos 17 o 18 años, la misma con la que los protagonistas empiezan la historia.Una serie inglesa, exquisita, como todas las series inglesas que se rodaron por aquella época.
Hace unos días he leído que se ha hecho una nueva versión de la obra, sin embargo, a mí me resultará enormemente difícil ponerle otro rostro a Charles Ryder y a Sebastian.
Recuerdo los primeros capítulos, que comenzaban así: Et in Arcadia ego. Y en realidad era eso. Así me sentía yo cuando vi esta serie la primera vez, finalizando mi adolescencia.
He tenido la oportunidad de ver tres veces la serie, en diferentes momentos. Y nunca dejó de sorprenderme y fascinarme esa indolencia, esa forma de tratar el tiempo en esos primeros años en que Ryder y Sebastian se conocieron.
En parte, así se siente todo aquél que es joven: hay cosas que son sólo patrimonio de esa edad; esa inconsciencia, esa indolencia, la ausencia de proyección hacia el futuro, la nimiedad, la levedad de las cosas...

Et in Arcadia ego....
...cuando me refugiaba en las habitaciones perdidas de la casa del pueblo a leer, de pequeña.
...aquellos veranos de los últimso años del colegio.
....cuando entré en el instituto.
...cuando iba con Inma Palma los sábados por la tarde al cine.
...la noche que Rosa se quedó en mi casa y estuvimos hasta el amanecer imitando a las compañeras de clase.
...los cigarrillos fumados en la terraza de Lucena, con Carmen.
...el primer paseo con Antonio el de Cartuja.
...una tarde en el Parque del Oeste en Madrid.
...las mañanas, cuando iba al conservatorio.
...un mediodía, con Rosa y seis cervezas en el Zeluán.
...una noche junto al mar, en Almuñécar.
...la llegada de una carta que hablaba de pompas de jabón.
...el viaje a Cantabria con mi hermano.
...una noche cerca de las estrellas, en un perdido pueblo de Ávila.
...un paseo junto a las murallas de esta ciudad, con Josep.
...los nueve meses que estuviste conmigo.
...los paseos contigo durante tu primer invierno.

Cuando el tiempo se nos iba con toda la placidez y sin congoja entre las manos, cuando aún podíamos sin nungún tipo de rubor, llevar a Aloysius de la mano.

martes, 7 de octubre de 2008

Mi tía Bel

Hace un par de meses, leí un breve cuento de esos que se reparten en el autobús. De un tiempo a esta parte los autobuses constituyen para mí un punto de encuentro con la poesía y la literatura.
Un relato exquisito de Ana María Moix, titulado "Mi tía Bel". La historia de un tía alocada, extravagante, viajera, y excéntrica. Que había tocado los quehaceres artísticos, y que seguía soltera, pese a tener sus amantes (¿a quién me recuerda?).
Un argumento en el que reconocía cierta afinidad conmigo, al menos en un cierto período de mi vida.
Antes de morir, escribe esta nota a su sobrino:

"Nos equivocamos. Nos pasamos la existencia buscando a la persona ideal para vivir con ella, pero nos equivocamos: lo importante es saber elegir no con quién queremos vivir, sino con quién queremos morir."

Pienso en la esencia de estas palabras. He tenido vínculos especiales con algunas personas en mi vida. He pensado, cuando estaba con cada una de esas personas, en el deseo de compartir mi vida, toda mi vida con cada una de ellas.
Cada historia la he vivido de forma irrepetible, pera cada historia terminó.
Si ahora me pongo a hacer memoria, ¿realmente desearía que cualquiera de ellas estuviera conmigo en ese final?
Creo que es otro tipo de amor el que ando buscando, para el resto de mi vida y para ese momento en concreto.
Un amor incluso más rotundo que lo que he tenido.

martes, 30 de septiembre de 2008

Solo por hoy

Mi querida Leonor: llevamos más de un mes viviendo en casa de los abuelos. Aunque tú me dices que nos vayamos a nuestra casa, que la echas de menos, yo aún no me atrevo.
Sabes, aunque no lo escriba, qué es lo que me ocurre. Tú misma me dices: "Mami, no te preocupes, no pasa nada".
Viviendo con el miedo, como casi siempre, esa es mi costumbre.
Miedo a no verte crecer, miedo a que te ocurra algo, miedo a que me ocurra algo, miedo a no poder o a poder demasiado.
Reconozco que los últimos veinte años el miedo me ha poseído: miedo a empezar una relación y miedo a perderla una vez iniciada.Miedo a perder la felicidad presente, e incapacidad para disfrutarla pensando en la pérdida futura.
No puedo ni debo seguir así.
Ahora bien, ¿cómo lo hago?
Mi programa de Doce Pasos hace un hincapié fundamental en el Solo por Hoy: vive el presente, solo este momento, soltar riendas y dejar las cosas en manos de Dios.
Es curioso, sólo los humanos pensamos en futuro, al menos de la forma en la que lo hacemos. El resto de los seres vivos sienten lo que son ahora, lo que viven ahora.
Siempre lo he dicho, aunque no me he aplicado el tiempo: hay que ser más animales, hay que recobrar una buena dosis de la animalidad perdida: empezar a dejar de pensar, sentir y temer lo que no existe.
Al menos procurar que mi existencia no gire en torno a eso. Y aunque piense en futuro ciertas cosas, tener los pies, el corazón y la mente en el momento presente.
Para las dos.

lunes, 14 de julio de 2008

Libros de otro tiempo

Después de más de dos meses de albañiles, electricistas (que deben darse otra vuelta), pintores y limpieza(que aún no he terminado), hemos vuelto las dos de nuevo a casa, a nuestra casa. Dos meses con los abuelos, para evitar el lío que había aquí montado, pero hace algo más de una semana, hemos retornado.
Había que ponerlo todo en orden nuevamente, limpiarlo, quitar polvo, en fin, todas esas cosas. Y con tanto movimiento y tanta limpieza, he ido econtrando cosas que tenía olvidades o a las que le había perdido la pista; cosas que sabía que estaban pero no dónde; o cosas que había dado por perdidas y han vuelto a dar señales de vida.
Entre todo ese maremágnum, han asomado, como un pequeño tesoro, mis primeros libros, los primerísimos.
Esos que llevan unos 35 años conmigo, que he leído decenas de veces, que han constituído para mí un auténtico refugio y solaz.
Hay dos especialmente que los guardo como un tesoro, y espero que tu los leas en algún momento: "Corazón de Oro" de Louise May Alcott, y "Tocón en el Polo", de Aldo Berti, una serie de aventuras con un personaje, Tocón, que corre sin ningún problema aventuras en la Edad Media o en el Polo actual. Cosas de la literatura.
Ambos libros me los trajo mi tío Eduardo, que recuerdo aparecía de vez en cuando por casa y que traía cosas fantásticas y maravillosas de sitios que para mí eran extraños y lejanos.
Esos dos libros que él me regaló me transportaron también lejos. Especialmente el último. Creo que mi interés por los lugares fríos, solitarios, silenciosos, nació con la lectura de este libro, que me permitió a los 9 años (recuerdo la edad que tenía cuando me lo dio) conocer la historia de las expediciones al Polo, conocer la existencia de Ross, de Peary, de Amundsen.
Conocí las gestas y los asaltos de tantos otros anteriormente, y de sus penalidades. Supe en qué consistía invernar en el Polo, y los riesgos que entrañaba, las temperaturas a las que se llegaba, y las heroicidades de muchos de los hombres que buscaron alcanzar ese ansiado Norte.
Buscaba las ciudades que aparecían en el libro, y que para mí eran lugares irreales y maravillosos: Godhavn, Upernavik, Trondheim... Me recuerdo a mí misma sentada junto a la mesa camilla, en verano, durante las vacaciones, y miraba con todo el embobamiento del mundo en el atlas el Polo Norte y toda la región del Ártico, las islas, los pasos, las rutas que seguían los barcos cuando se dirigían buscando la latitud máxima.
Y luego, saltaba de página, mirando esos territorios aún más desconocidos de la Antártida: ¿quién era esa Reina Maud que puso nombre a ese enorme territorio del Sur? ¿Y quién María Byrd, cuyo nombre también aparece en los mapas dando nombre a una extensa tierra de la Antártida?
Me parecía tan maravilloso que esos nombres tan desconocidos resonaran por aquellos lugares, nombres de reinas de lugares deshabitados...
Era la edad en que para adentrarse en la aventura, sólo teníamos que imaginar.
Toda mi gratitud para esa persona que puso en mis manos, sin saberlo, un libro que dejó en mí tantas emociones.

sábado, 3 de mayo de 2008

Biografía de un hombre con miedo

Hoy he ido en autobús. De vez en cuando, y debido a algún arrebato inspirador de alguien de la empresa de transportes, estos autobuses urbanos ofrecen una visión hermosa si dirigimos la mirada hacia el punto adecuado. En uno de los cristales, a la altura de mis ojos, había un poema, un cartel conmemorando no se qué festival poético: habían colocado un poema de alguno de los invitados. Lo leí. He buscado en internet a la autora -totalmente desconocida para mí- y el poema -aún más desconocido-.
Quizá ha venido como anillo al dedo, al recordar a gente, personas, de la "otra" generación, la de mis padres o la de mis tíos, algunos de ellos ya han empezado a dejarme, a dejarnos.
Una generación que, desde mi punto de vista, ha tenido más valía que la mía, aunque el reconocimiento llega tarde.
Leí el poema con un deje de nostalgia y de tristeza, especialmente porque ese poema, sin saberlo, lo he visto hacerse en la vida de muchos de los que me han precedido.
Cada generación deja una huella irrevocable en la historia de este mundo. Me pregunto cuál será la huella que deje la mía.

Biografía de un hombre con miedo

Mi padre tuvo pronto miedo de haber nacido.
Pero pronto también
le recordaron los deberes de un hombre
y le enseñaron
a rezar, a ahorrar, a trabajar.
Así que pronto fue mi padre un hombre bueno.
(“Un hombre de verdad”, diría mi abuelo).
No obstante,
—como el perro que gime, embozalado
y amarrado a su estaca— el miedo persistía
en el lugar más hondo de mi padre.
De mi padre,
que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo
unas manos tan graves y tan limpias
como el silencio de las madrugadas.
Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.
De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre
todo lo que su corazón desorientado
sabía dar. Y entre ello se contaba
el regalo amoroso de su miedo.
Como un hombre de bien mi padre trabajó cada mañana,
sorteó cada noche y cuando pudo
se compró a cuotas la pequeña muerte
que siempre deseó.
La fue pagando rigurosamente,
sin sobresalto alguno, año tras año,
como un hombre de bien, el bueno de mi padre.

La autora es Piedad Bonnett, colombiana.

martes, 15 de abril de 2008

Nila

Hoy ha muerto Nila. Ha estado con nosotros desde 1999. Fue en septiembre de ese año, cuando la trajeron a casa: una pequeña bola blanca diminuta, suave. Tan pequeña era que no podía bajarse sola del sillón.
Cuando bajábamos a la calle con ella, llamaba la atención. Probablemente, y hasta su muerte, halla sido la perra más juguetona de toda la plaza, corriendo detrás de la gente y los vecinos que conocía.
Era tan bonita...
Ha estado junto a mí en muchos momentos, en buenos y malos momentos.
Hoy yo le he dicho al veterinario que la sacrificara, tan mal estaba. Un tumor la estaba carcomiendo por dentro.
Estaba medio consciente cuando yo llegué a la clínica. Nila...¿cómo estás, pequeña?
Un sólo quejido, levantó la cabeza un poco, luego volvió a dejarla en su sitio, cansada, dolorida tras una operación que casi de antemano se sabía inútil.
Siempre pensé que viviría más, que la vería viejecita, andando despacito por la misma plaza de siempre.
Nila...¿recuerdas las siestas en el sillón? Venir del trabajo, almorzar, y echarme un rato mientras veía esos programos soporíferos del mediodía. En esos momentos llegaba ella y se subía encima de mí, sobre mis piernas: dormíamos un buen rato las dos juntas.
¿Recuerdas los regalos de Reyes?
Ese día había un regalo para ti también, alguna golosina o alguna lata especial y rica de comida.
¿Recuerdas los paseos? Cuando no tenía ganas de hablar con nadie, cuando llegaron los malos tiempos, yo me obligaba a sacarte a la calle, teniendo mi único contacto real con el mundo entonces, a través de ti.
Hoy me ha dado tiempo a decirte gracias. Por todo. Por esos buenos ratos, por las risas, por las caricias que me has dado.
Gracias Nila.
Hoy te he llamado por última vez. Sabía que aunque mejoraras levemente, ya estabas muy mal. No quería que siguieras sufriendo. Algo instantáneo, un leve estertor, y te quedaste dormida.
Andarás por el paraíso de los animales, probablemente por el mismo sitio por donde anda Clara, la reina de los gatos, que también se me fue tan pronto como tu lo has hecho.
Mi pequeña bola blanca, te echaré de menos siempre.
Ahora, no puedo seguir escribiendo.

viernes, 15 de febrero de 2008

Itaca

Hace ya bastante tiempo que no te escribo, aunque he estado tentada a anotar cualquier cosa muchas veces. Sin embargo, necesito que se de ese momento íntimo en el que puedo ahondar dentro de mí, y darle forma a lo que quiero decirte o contarte.
Quizá hoy, concretamente, sea otra persona la que hable por mí para ti. Paso a darte el poema de Kavafis, que, -otra vez Carmen- leí hace años.
No se me ocurren mejores frases, que las que este escritor dejó, sobre el tiempo, la vida, y el camino que se hace al recorrerla.
El otro día intenté imaginarte mayor, casi viejecita. Me río porque ni aún yo puedo imaginar eso de mí misma todavía. Pero dentro de 70 u 80 años, cuando este mundo esté irreconocible y sea aún más viejo, cuando de mí sólo perdure probablemente el recuerdo que tu me tengas, me gustaría imaginarte leyendo este poema que ahora pongo en tus manos:


"Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas."

martes, 11 de diciembre de 2007

Cosas que te gustan

Hace tiempo que quiero escribir aquellas cosas que te llaman la atención, y que observo que les dedicas un tiempo especial.
Por ejemplo, te gusta últimamente coger tornillos y destornilladores, martillos y demás, y ponerte muy en tu papel, intentando arreglar cualquier desaguisado.
Te gusta fijarte en las flores, en las más pequeñas especialmente, para luego acabar comiéndotelas. Te he visto así en el patio del colegio más de una vez, frente a una mata de pensamientos, mirando muy ensimismada los colores.
Te gusta coger las hojas de los árboles, esas hojas que han caído en este tardío otoño, y echarlas hacia arriba, y sentir cómo caen sobre ti.
Te gusta mirar atentamente el mapa enorme del colegio, ese que hay en el patio, hecho en el suelo, y que tiene las regiones, las montañas más importantes. Siempre que pasamos a su lado, te detienes y me preguntas que dónde estamos nosotros, en qué sitio vivimos.
Te gusta meterte cosas en el bolsillo del babi: hojas, papeles, algún muñeco pequeño,tus "tesoros", algunos de los cuales me encuentro cuando voy a lavarlo.
Te encanta meterte debajo de las sábanas, y taparte para que yo no te vea,y te busque, llamándote: Leonor, mi niña, se ha ido?? En ese momento tu carilla asoma, sonriendo: No!! Estoy aquí!!!
Te gusta abrazarme alguna que otra vez, y decirme:Mami, te quiero!!
Te gusta disfrazarte, y ponerte los disfraces y el traje de gitana, y los zapatos del baile.
Te gustan mis pinturas, mi maquillaje, mi lápiz de labios...y también me los destrozas con frecuencia, qué se le va a hacer....
Y a mí, me gusta que te gusten estas cosas.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Fin de semana

Hacía tiempo que no deseaba un fin de semana tanto. Este año el trabajo se me revela agotador, cansino, como hacía tiempo que no lo notaba.
Más que nada porque no veo resultados, evidencias, de que lo que hago tenga un fruto. Cómo puede enseñar una profesora en un centro de enseñanza secundaria en ésta época.
Me están empezando a aterrar los adolescentes, y, aunque intento eliminar ciertas ideas de mi cabeza, no puedo evitar concederles un tiempo cuando se asientan en mi pensamiento. Todos los años se repiten ciertos tipos en el aula: el pelotas, el payaso, el empollón, la ligona, el tímido... en fin, los mismos de siempre, pero con caras distintas. Sin embargo, el pinchaclases, ese alumno experto en ir boicoteando la labor diaria, (esa labor a la que le dedico tiempo aún fuera de mi lugar de trabajo, tiempo que le resto al tiempo de estar contigo), prolifera cada día más, con más mala idea si cabe según va pasando el tiempo.
No entienden que daría lo que fuera por llevarles a ese terreno dónde uno "ve" el mundo con otros ojos, con otra mirada. No saben lo que yo daría por dejarles en la puerta de ese mundo donde el conocimiento es un instrumento para el conocimiento propio.
Pero este curso, aún no he encontrado ninguno que se preste a ese recorrido. Su mirada no va más allá de sus narices, por decirlo de algún modo. Y tengo perfectos pinchaclases a razón de cinco por clase. Qué se le va a hacer. Y tú también, Leonor, llegarás a esa edad adolescente. Espero estar ahí para ti de la manera más conveniente, más útil.
La mayor parte de los problemas con esos adolescentes terribles se generan en casa, con unos padres terribles.
En fin, 48 horas para tranquilizarme, antes de verles de nuevo las caras.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Un post rapido

Hace pocos días que ha empezado el cole.
No has sentido la tristeza y la pena que sentiste el año pasado por estas fechas, cuando llorabas desconsolada tras los cristales de esa ventana que Quique, tu profe, llamaba la "ventana del adiós".
Recuerdo que el curso anterior, os apelotonábais todos en la ventana, llorando al despedir tras ella a las mamás. A veces, se atistaba un empujón, que alguno daba al de al lado para coger sitio y así poder contemplar mejor a su mamá, que desde el patio, saludaba a la personita que se asomaba a la ventana.
Así te vi yo muchos días, hace ahora un año.
Has crecido. Estás más independiente. Te despides sonriendo, y sólo te asomas a los cristales si te lo pido, y te digo:"Leonor, asómate por la ventana y me dices adiós".
Porque ahora -lo que son las cosas- soy yo la que te pido que me despidas, y me mandes un beso. La que se va con el corazón en un puño, pensando en ti toda la mañana, hasta que vuelvo a verte.
Buenas noches, mi amor.